Electrohipersensibilidad: síntomas, qué sabemos y cómo medir tu casa
Si te duele la cabeza cuando llevas un rato en casa, si te despiertas a las cuatro con el corazón acelerado y fuera duermes mejor, o si notas un hormigueo en la mano cuando sostienes el móvil, seguramente ya has buscado esta palabra más de una vez. Y habrás encontrado dos tipos de respuesta: la que te dice que todo está en tu cabeza y la que te asusta con cada enchufe.
Ninguna de las dos ayuda.
Aquí te cuento lo que sabemos hoy sobre la electrohipersensibilidad, con sus luces y sus huecos, y lo que puedes medir en tu casa para pasar de la sospecha al dato. Soy Jose, mido el entorno electromagnético de viviendas en Andalucía y escucho esta historia con mucha frecuencia. Empiezo por lo más importante: lo que sientes es real.
Qué es la electrohipersensibilidad
La electrohipersensibilidad (EHS, también llamada electrosensibilidad) es el nombre que recibe un conjunto de síntomas que una persona relaciona con la cercanía de aparatos eléctricos, redes wifi, teléfonos móviles o instalaciones eléctricas. La Organización Mundial de la Salud usa otro nombre, intolerancia ambiental idiopática atribuida a campos electromagnéticos (IEI-EMF), y en su nota sobre el tema deja dos frases que te interesa conocer: los síntomas «son ciertamente reales» y, sea cual sea su causa, la EHS «puede ser un problema incapacitante» para quien la vive.¹
¿Por qué dos nombres? En medicina, «idiopática» significa «de causa no establecida». La OMS reconoce el malestar y deja la causa abierta. Quienes investigan un origen ambiental prefieren hablar de electrohipersensibilidad, que pone el foco en la exposición. El debate, como ves, empieza ya en el nombre.
Tampoco estás ante algo raro. En encuestas de población, entre el 1,5 % y el 5 % de las personas dice reaccionar a los campos electromagnéticos: un 1,5 % en Suecia, entre un 2 % y un 3,5 % en Austria, un 3,5 % en los Países Bajos y un 5 % en Suiza.² En un pueblo de unos 17.500 habitantes como Osuna, eso serían entre 260 y 870 vecinos.
Síntomas más frecuentes
Estos son los síntomas que se describen con más frecuencia:
- Dolor de cabeza
- Cansancio que no se va con el descanso
- Problemas para conciliar o mantener el sueño
- Hormigueo, ardor o picor en la piel
- Acúfenos (pitidos o zumbidos en los oídos) y calor en las orejas
- Dificultad para concentrarte y fallos de memoria inmediata
- Mareos y sensación de inestabilidad
- Palpitaciones
En la serie clínica de los investigadores franceses Dominique Belpomme y Philippe Irigaray, el 88 % de las personas con EHS refería dolor de cabeza, otro 88 % fatiga, el 82 % alteraciones de la sensibilidad en la piel y el 74 % insomnio.³ En un cuestionario a personas electrosensibles de Finlandia, los tres síntomas más citados en la fase aguda fueron el estrés (60 %), los trastornos del sueño (59 %) y la fatiga (57 %).⁴
Ahora bien, fíjate en algo. Varios de estos síntomas aparecen también en otros cuadros, como la anemia, el hipotiroidismo o la apnea del sueño. Por eso te hace falta alguien que conozca la electrohipersensibilidad y mire tu caso entero, en vez de despacharlo con una derivación.
Qué dice la investigación
Aquí la ciencia todavía no se ha puesto de acuerdo, y te lo cuento tal cual, con las dos voces.
Los estudios que proponen biomarcadores
Belpomme e Irigaray estudian desde 2009 a personas que se describen como electrosensibles. En su serie de 727 casos evaluables encontraron la histamina en sangre elevada en cerca del 40 %, la nitrotirosina (un marcador de estrés oxidativo) en el 28 % y la proteína S100B, relacionada con la barrera que protege el cerebro, en el 15 %. Describen además una menor producción de melatonina y un riego sanguíneo más bajo en zonas profundas del cerebro.⁵
Con esos datos sostienen que la EHS es un trastorno neurológico que se puede caracterizar con pruebas objetivas. En 2022 publicaron una revisión en la que rechazan que el efecto nocebo explique su origen y piden a la OMS que la reconozca como enfermedad.⁶
Los estudios de provocación
La otra gran línea de investigación pone a prueba la relación de forma directa. Se expone a una persona electrosensible a un emisor que unas veces está encendido y otras apagado, sin que ella ni quien la evalúa sepan cuándo, y se registra lo que nota. Son los ensayos de provocación doble ciego.
En un mapa de 203 estudios sobre EHS, 25 de los 26 ensayos de este tipo concluyen que los síntomas no siguen a la exposición real y apuntan al efecto nocebo: sentir un malestar real porque esperas que algo te haga daño.⁷ En ellos se apoyan la postura de la OMS y la revisión más reciente, de Frank de Vocht y Martin Röösli.¹ ²
Lo que esos estudios no miran
Esa conclusión descansa casi entera en un solo tipo de diseño, y ese diseño tiene puntos ciegos. Muchos ensayos comprueban si aciertas cuándo está encendido el emisor. Detectar una exposición y verse afectado por ella son preguntas distintas: tampoco notas la radiación ultravioleta mientras te quema la piel.
Las exposiciones en el laboratorio duran minutos, y muchas personas cuentan que sus síntomas tardan horas en aparecer y en irse.⁷ Además, la mayoría de ensayos usa señales generadas en el laboratorio, mucho más estables que las de un móvil o un router de verdad. El biólogo y biofísico Dimitris Panagopoulos y sus colegas señalan que las señales reales varían sin parar y están polarizadas, dos rasgos que aumentan su actividad biológica y que los ensayos rara vez reproducen.⁸
Y luego está el nocebo. Existe, está bien documentado en medicina y forma parte del cuadro de muchas personas. Pero un estudio con personas electrosensibles encontró que muchas empezaron a atribuir sus síntomas a los campos después de sufrirlos, y no antes.⁹
Piensa en lo que supone vivir años en alerta frente a algo que no ves y del que no puedes alejarte. Tu sistema nervioso se queda en tensión permanente, y en ese estado cualquiera reacciona más a la expectativa. Encontrar nocebo en una persona electrosensible no demuestra que su sensibilidad empezara ahí.
Mi lectura, como alguien que mide estos campos cada semana, es clara: la falta de una prueba definitiva no autoriza a nadie a decirte que lo tuyo es imaginario. Cerrar la pregunta con ensayos de minutos y señales simuladas es precipitado. Mientras la investigación avanza, puedo hacer lo que hace un afinador antes de opinar sobre un piano: escuchar, nota a nota, qué está sonando en tu casa.
¿Está reconocida?
Depende del país. Suecia trata la electrohipersensibilidad como un impedimento funcional desde el año 2000. El problema se sitúa en el entorno, y por eso se contemplan adaptaciones en la vivienda y en el trabajo, igual que una rampa resuelve la entrada a un edificio para quien va en silla de ruedas. En 2009, el Parlamento Europeo pidió a los Estados miembros que siguieran ese ejemplo.¹⁰
En España no hay un reconocimiento general, pero los tribunales ya se han pronunciado en un caso. En 2018, el Juzgado de lo Social n.º 1 de Zaragoza consideró que la electrohipersensibilidad de un trabajador tenía origen laboral y calificó sus bajas como accidente de trabajo. El Tribunal Superior de Justicia de Aragón confirmó la sentencia.¹¹
El principio de precaución, el gran olvidado
Fíjate en cómo se construye la postura habitual. Se toman los ensayos de provocación, de pocos minutos y con señales simuladas, y se concluye que no hay relación. Lo que apunta en otra dirección (los biomarcadores, las alteraciones del sueño, el estrés oxidativo que describe la investigación experimental) queda en segundo plano. Se lee la parte de la evidencia que encaja y se archiva la que incomoda. Y quien investiga también puede encontrar lo que espera: si partes de que la EHS es un efecto nocebo, cada respuesta nocebo confirma tu hipótesis.
Hay además un problema de fondo. Los límites legales de exposición se calcularon para evitar que los tejidos se calienten. No contemplan años de exposición continuada, ni la cercanía mientras duermes, ni a la persona que ya tiene un sistema nervioso sensibilizado.¹²
Los efectos a largo plazo de una exposición baja y constante son, por su propia naturaleza, los más difíciles de demostrar. Hoy casi nadie vive sin ella, así que no hay un grupo sin exponer con el que comparar. Los síntomas llegan despacio y se parecen a los de muchas otras cosas. Exigir una evidencia altísima para un efecto que los métodos habituales apenas pueden captar es poner el listón donde nunca se va a alcanzar.
Para estas situaciones existe el principio de precaución, recogido en el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea para la política de medio ambiente. En 2011, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa lo aplicó a los campos electromagnéticos: pidió actuar cuando la ciencia no permite determinar el riesgo con suficiente certeza, recordó que esperar a pruebas concluyentes salió muy caro con el amianto, la gasolina con plomo y el tabaco, y reclamó una atención especial a las personas electrosensibles, con zonas libres de ondas.¹³
Eso es lo que falta en la consulta que te deriva sin mirar tu casa: precaución.
La EHS y los síndromes de sensibilización central
Si te han hablado de fibromialgia, fatiga crónica o sensibilidad química múltiple, esta parte va contigo. Junto con la electrohipersensibilidad, estos cuadros se agrupan bajo el nombre de síndromes de sensibilización central: el sistema nervioso amplifica estímulos que otras personas apenas registran, ya sea dolor, olores, ruido, luz o campos electromagnéticos. El programa de apoyo del Ayuntamiento de Barcelona, por ejemplo, incluye las cuatro condiciones dentro de este grupo.¹⁴
Por eso aparecen juntas con frecuencia. En la serie de Belpomme e Irigaray, el 21 % de las personas tenía a la vez electrohipersensibilidad y sensibilidad química múltiple, y los autores proponen que ambas comparten un mismo mecanismo.⁵ En la práctica, si convives con fibromialgia, fatiga crónica o sensibilidad química y notas que en ciertos espacios estás peor, tu entorno electromagnético pide la misma atención que los productos de limpieza o el ruido.
Hay otra razón para conocer este marco, y es la que más duele. Muchas personas me cuentan que, al mencionar los campos electromagnéticos en la consulta de su médico de cabecera, la respuesta fue una derivación a psiquiatría. Sin una medición. Sin una pregunta sobre su dormitorio. Sin una sola prueba de su entorno.
Para mí, eso es una falta de respeto. Derivarte a salud mental como única respuesta equivale a decirte que el problema eres tú, cuando nadie ha mirado lo que te rodea. Si has salido de una consulta así con la sensación de que no te han creído, entiendo la frustración que llevas encima. Lo que sientes merece ser estudiado, empezando por el lugar donde vives.
Si algún día buscas apoyo psicológico para sobrellevar un cuadro que agota a cualquiera, que sea porque tú lo eliges, nunca como la forma de cerrar la pregunta sobre tu entorno.
Cómo saber si eres electrosensible
Hoy no existe una prueba única que lo confirme, así que se trata de reunir piezas. Este es el orden que te propongo:
- Busca profesionales que conozcan esta condición. Es frecuente que en la consulta de atención primaria no encuentres respuesta. Asociaciones y fundaciones como EFEIA, la Fundación Alborada, especializada en medicina ambiental, o CONFESQ, la coalición nacional de fibromialgia, fatiga crónica, sensibilidad química múltiple y electrohipersensibilidad, pueden orientarte hacia profesionales formados en este tipo de cuadros. Ellos sabrán leer tu caso entero y distinguirlo de otras causas.
- Lleva un diario de dos semanas. Anota dónde estás, a qué hora, qué notas y cuánto dura, también cuando estás fuera de casa. Escrito, el patrón aparece solo, y te ayuda a separar lo que pasa en un sitio de lo que pasa a una hora.
- Rellena los tres cuestionarios de EFEIA. Se completan en línea, en español, y recogen tus hábitos y exposición diaria, tus síntomas y tu sueño. Son el punto de partida de cada acompañamiento que hago.¹⁵
- Valora una evaluación biofísica. Existen distintos sistemas para estudiar si tu organismo muestra afectación electromagnética, como algunos tests epigenéticos o la medición con cámara GDV. Yo trabajo con la cámara GDV y el sistema Bio-Well, que registra la respuesta de las yemas de tus dedos a un pequeño estímulo eléctrico y la traduce en parámetros que podemos seguir en el tiempo.¹⁶
- Mide tu espacio. Así sabrás qué hay de verdad en tu dormitorio, tu salón o tu lugar de trabajo, cuánto y dónde.
Qué puedes medir en tu casa (y qué no)
Con instrumentos calibrados se miden cuatro cosas: los campos eléctricos y magnéticos de baja frecuencia (cables, regletas, cuadro eléctrico, electrodomésticos), la radiofrecuencia (wifi, móviles, repetidores, antenas), la electricidad sucia (el ruido de alta frecuencia que viaja por la instalación) y la luz (intensidad, color y parpadeo). Comparo cada lectura con el límite legal español y con la referencia de biología de la construcción SBM-2024, mucho más exigente.
Te cuento lo que he encontrado este año, porque dice mucho de lo cerca que está casi todo.
En todas las viviendas que he medido, el 100 % de los enchufes superaba los 100 mV de electricidad sucia. En un dormitorio, separar la cama 20 centímetros de la pared bajó el campo eléctrico junto a la almohada de 56 a 15 V/m. En otra casa, el aparato que más campo daba (142 V/m) era un equipo de música apagado, solo por seguir enchufado. Y en un centro de trabajo, un portátil sin toma de tierra marcaba 1.390 V/m. Con un cable de tierra de unos diez euros, el mismo portátil pasó a 0 V/m.¹⁷
Todos esos picos eran legales: en las viviendas, el más alto no llegaba al 3 % del límite español de 5.000 V/m. Y todos estaban en el tramo de anomalía extrema según SBM-2024. Lo que más pesa en tu exposición suele estar dentro de casa, a menos de un metro de donde duermes, y se corrige con cambios pequeños.
Si te preocupa lo que llega de fuera, en el estudio del centro histórico de Málaga medí la radiofrecuencia de fondo en 25 puntos de la calle. Te sirve de referencia para comparar.
Y ahora, lo que no se puede medir. Ningún medidor, ni el mío ni ningún otro, te dice si el dolor de cabeza de esta mañana viene de un campo concreto. Lo que te da la medición es un mapa: dónde hay exposición, cuánta, de qué tipo y qué la provoca. Con ese mapa puedes reducirla donde pasas más horas y observar con tu diario cómo te encuentras.
Lo que puedes cambiar hoy, sin gastar
Antes de comprar nada, prueba esto. Son las mismas medidas con las que empiezo en cualquier casa, siguiendo el enfoque LEDNA: emitir solo lo necesario y alejar lo que emite de donde duermes.
- Apaga el router por la noche. Si se te olvida, un temporizador de enchufe lo hace por ti.
- Deja el móvil en modo avión y lejos de la cama, mejor fuera del dormitorio.
- Saca regletas, cargadores y alargadores del cabecero, y separa la cama un palmo de la pared.
- Desenchufa los aparatos que tengas cerca de donde duermes. Apagarlos no basta.
- Conecta por cable el ordenador o la televisión donde puedas, y desactiva el wifi de los equipos que no lo necesitan.
- Si tienes un repetidor wifi en un dormitorio, cámbialo de sitio.
- De noche, luz cálida y tenue en baños y pasillos.
Cuándo pedir una evaluación
Si llevas tiempo con síntomas y notas que en ciertos espacios estás peor, tener datos te quita una incertidumbre que pesa mucho. Te lo digo claro antes: no diagnostico ni trato ninguna enfermedad. Mido, te explico lo que hay y te acompaño en los cambios, sin obras y sin miedo.
Cuando hayas rellenado los tres cuestionarios, si lo deseas, podemos tener una consulta de acompañamiento EHS. En ella revisamos juntos tus respuestas, evaluamos el grado de afectación de tu electrohipersensibilidad con la evaluación biofísica, localizamos las principales fuentes que la generan en tu día a día y ponemos en marcha tu plan de recuperación, con cambios concretos en tu casa y en tus hábitos. Incluye una exploración de tu hogar.
Son dos horas en tu casa, por 150 € con IVA incluido, más desplazamiento. Tienes todos los detalles en la evaluación de electrohipersensibilidad. Si lo que más te preocupa es el descanso, la Evaluación del Descanso mide a fondo los dormitorios, desde 340 €.
Si quieres, cuéntame tu caso y te respondo en menos de 48 horas.
Preguntas frecuentes
¿La electrohipersensibilidad es una enfermedad reconocida en España?
No figura como diagnóstico propio en el sistema sanitario español, y la OMS no la considera un diagnóstico médico. Lo que sí hay es un precedente judicial: en 2018, el Juzgado de lo Social n.º 1 de Zaragoza reconoció como accidente de trabajo las bajas de un trabajador con electrohipersensibilidad, y el Tribunal Superior de Justicia de Aragón lo confirmó. Es un caso concreto, pero demuestra que un tribunal español ya ha aceptado esa relación con pruebas sobre la mesa.¹¹
¿El wifi puede causar electrohipersensibilidad?
No hay pruebas concluyentes de que el wifi la cause, y los ensayos de provocación no han encontrado esa relación. Aun así, en la serie de Belpomme e Irigaray, el 16 % de las personas señalaba el wifi como la exposición intensa que precedió a sus síntomas, y el 37 % el móvil.³ Si te preocupa, reducir el wifi donde duermes cuesta poco: apagarlo de noche y conectar por cable lo que puedas.
¿Sirve apantallar la casa?
No, y no lo recomiendo en ningún caso. El apantallamiento metálico crea problemas nuevos. Si dentro de casa hay un teléfono o cualquier otro dispositivo inalámbrico, tiene que emitir con más intensidad para atravesar la barrera, y esas ondas se quedan rebotando en el interior durante mucho tiempo. Con las ondas que llegan de fuera pasa algo parecido: es fácil que encuentren un hueco para entrar, y una vez dentro, salir les cuesta mucho más.
El resultado, paradójicamente, es más ruido electromagnético dentro de tu casa. Y además el apantallamiento atenúa campos naturales de baja intensidad que forman parte del entorno en el que hemos evolucionado.¹⁸ Por eso mis recomendaciones empiezan siempre por la distancia, el cable, la toma de tierra y los hábitos, sin obras, y terminan, por último, con el filtrado.
Notas y fuentes
- Organización Mundial de la Salud (2005). Electromagnetic fields and public health: Electromagnetic hypersensitivity. Nota descriptiva n.º 296. La OMS concluye que no hay base científica para vincular los síntomas con la exposición a campos electromagnéticos.
- De Vocht, F. y Röösli, M. (2025). Electrohypersensitivity: what is belief and what is known? Frontiers in Public Health, 13, 1603692. Enlace. Cifras de encuestas: Suecia 1,5 % (1997) y 2,6 a 3,2 % una década después; Austria 2 % (1994) y 3,5 % (2008); Países Bajos 3,5 % (2011); Suiza 5 % (2004). Los autores advierten de que hay pocos datos de la última década.
- Belpomme, D. e Irigaray, P. (2020). Electrohypersensitivity as a Newly Identified and Characterized Neurologic Pathological Disorder: How to Diagnose, Treat, and Prevent It. International Journal of Molecular Sciences, 21(6), 1915. Tabla 3 (síntomas frente a controles) y tabla 8 (fuentes de exposición que los pacientes señalan antes de la aparición; datos no publicados de los autores). Son síntomas autodeclarados en una consulta especializada, no una muestra de población.
- Hagström, M., Auranen, J. y Ekman, R. (2013). Electromagnetic hypersensitive Finns: Symptoms, perceived sources and treatments, a questionnaire study. Pathophysiology, 20(2), 117–122. Estudio por cuestionario a personas que se identifican como electrosensibles.
- Belpomme, D., Campagnac, C. e Irigaray, P. (2015). Reliable disease biomarkers characterizing and identifying electrohypersensitivity and multiple chemical sensitivity as two etiopathogenic aspects of a unique pathological disorder. Reviews on Environmental Health, 30(4), 251–271. De 727 casos evaluables: 71,6 % con EHS, 7,2 % con sensibilidad química múltiple y 21,2 % con ambas. Ningún grupo independiente ha replicado todavía estos marcadores como prueba diagnóstica fiable.
- Belpomme, D. e Irigaray, P. (2022). Why electrohypersensitivity and related symptoms are caused by non-ionizing man-made electromagnetic fields: An overview and medical assessment. Environmental Research, 212, 113374.
- Mapa de evidencia sobre electrohipersensibilidad, EMF Society (2026): 203 estudios relevantes de Europe PMC, clasificados de forma automática a partir de sus resúmenes. Ninguno de los 26 ensayos doble ciego concluye a favor de un efecto físico del campo; 6 de las 10 revisiones sistemáticas apoyan el origen nocebo. Las revisiones de referencia son Rubin, Das Munshi y Wessely (2005), Psychosomatic Medicine 67(2), 224–232; Rubin, Nieto-Hernández y Wessely (2010), Bioelectromagnetics 31(1), 1–11; y Bosch-Capblanch et al. (2024), Environment International. Las exposiciones de esos ensayos duran de 1 a 40 minutos. De Vocht y Röösli (2025) responden que muchas personas con EHS describen reacciones en pocos minutos, y que las exposiciones largas son difíciles de organizar por razones éticas y prácticas.
- Panagopoulos, D. J., Johansson, O. y Carlo, G. L. (2015). Real versus Simulated Mobile Phone Exposures in Experimental Studies. BioMed Research International, 607053; y de los mismos autores (2015), Polarization: A Key Difference between Man-made and Natural Electromagnetic Fields, in regard to Biological Activity. Scientific Reports, 5, 14914. Es un modelo publicado y revisado por pares que no aceptan todos los organismos reguladores.
- Dieudonné, M. (2016). Does electromagnetic hypersensitivity originate from nocebo responses? Indications from a qualitative study. Bioelectromagnetics, 37(1), 14–24. Estudio cualitativo con entrevistas, sin medición de la exposición.
- Havas, M. (2019). Electrohypersensitivity (EHS) is an Environmentally-Induced Disability that Requires Immediate Attention. Journal of Scientific Discovery, 3(1), jsd18020. Recoge el reconocimiento sueco como impedimento funcional (2000) y la Resolución del Parlamento Europeo de 2009 (2008/2211(INI), punto 28), que no es vinculante.
- Juzgado de lo Social n.º 1 de Zaragoza, sentencia 203/2018, de 29 de junio, confirmada por el Tribunal Superior de Justicia de Aragón (sentencia 691/2018). Se trata de un caso concreto, sin efecto general sobre otros trabajadores ni sobre el reconocimiento de la EHS como enfermedad.
- ICNIRP (2020). Guidelines for limiting exposure to electromagnetic fields (100 kHz to 300 GHz). Health Physics, 118(5), 483–524. El límite para la población parte del calentamiento: toma 4 W/kg, asociados a una subida de 1 °C de la temperatura corporal, y lo divide por 50 (0,08 W/kg). El límite español (RD 1066/2001) sigue la misma lógica de la Recomendación europea 1999/519/CE.
- Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (2011). Resolución 1815: Los peligros potenciales de los campos electromagnéticos y sus efectos en el medio ambiente, puntos 5, 6 y 8.1.4. Enlace. El principio de precaución figura en el artículo 191.2 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. La resolución no es vinculante para los Estados.
- Ajuntament de Barcelona, Departament de Salut (2018). Programa de suport a persones afectades de Síndromes de Sensibilització Central i als seus familiars 2018-2021. Enlace. Agrupa la fibromialgia, el síndrome de fatiga crónica, la sensibilidad química múltiple y la electrohipersensibilidad, y señala que estas dos últimas se están incorporando con más lentitud al reconocimiento sanitario.
- EFEIA, Protocolo de Evaluación, cuestionarios A, B y C, con versiones en español en efeia.org. El propio protocolo indica que no reemplaza un diagnóstico médico.
- La bioelectrografía GDV (Bio-Well) sigue el método desarrollado por Konstantin Korotkov (Health on the Tips of Your Fingers). Ni la GDV ni los tests epigenéticos son hoy pruebas diagnósticas reconocidas por el sistema sanitario para la EHS; se usan como indicadores complementarios. La lectura GDV varía con la humedad y la temperatura, que registro en cada medición.
- Mediciones propias de Harmos en 2026 (cuatro viviendas y un centro de trabajo, datos anonimizados). El umbral de 100 mV corresponde a la escala de electricidad sucia de EFEIA. El dato del portátil procede del centro de trabajo, medido con un analizador distinto al de las viviendas, por lo que no se compara con ellas.
- Panagopoulos, D. J. y Chrousos, G. P. (2019). Shielding methods and products against man-made Electromagnetic Fields: Protection versus risk. Science of the Total Environment, 667, 255–262.
